Las letras pequeñas detrás de los ataques de la oposición política, empresarios y periodistas contra la salud en México

Como en todas partes del mundo, en México hay un debate acerca de las medidas que ha tomado el gobierno mexicano y la efectividad que han tenido para disminuir el contagio de covid-19 entre la población. Y como en todas las partes del mundo, la oposición al gobierno suele quejarse del manejo de la crisis sanitaria alegando que ellos lo habrían hecho mejor.

Desde los primeros días de enero, la Secretaría de Salud, a través de la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (CCINSHAE), empezó a prepararse para el arribo inminente del virus que provenía de China. Esto fue más de un mes antes incluso de los primeros casos de contagio. En un principio se trabajó con éxito en la reconversión de los hospitales y en la compra de ventiladores para que hubiera suficientes unidades de cuidados intensivos (UCI) y no ocurriera el desbordamiento de lugares como España, Italia y Estados Unidos.

El siguiente paso era que la gente tomara conciencia de la complejidad y peligrosidad del virus recién descubierto. Para hacer esto, se escogió como vocero de todo lo relacionado con la pandemia de covid-19 al Subsecretario de Salud, el Dr. Hugo López-Gatell, que en poco tiempo emergió como una figura de autoridad y respeto, en la que millones de mexicanos pudieron confiar. Esto fue gracias a su capacidad de trasmitir cosas complejas de manera simple y accesible, además de ser un cuadro técnico alejado de la política y las intrigas palaciegas. López-Gatell resultó ser un extraordinario vocero y comunicador, y contribuyó enormemente a aplanar la curva de los contagios y así ganar tiempo para que el sistema de salud no colapsara.

En poco tiempo, el Dr. López-Gatell pasó de ser un desconocido fuera de los círculos médicos a una celebridad nacional. Hasta cierta gente de los grupos conservadores, que suelen estar en contra de cualquier medida de López Obrador, aplaudieron la conducción y manejo de la pandemia que estaba haciendo el equipo de salud y que comunicaba López-Gatell. La popularidad del Subsecretario creció exponencialmente en pocas semanas y, según encuestas, el médico se convirtió en el servidor público más reconocido después del presidente López Obrador, y también la segunda persona que genera mayor confianza, simpatía y cercanía con la gente, también solo detrás de AMLO.

Esto provocó que se convirtiera en el blanco preferido de la oposición. Pegarle al doctor y funcionario se convirtió en deporte nacional, ya que significaba en última instancia pegarle al gobierno de López Obrador. Políticos y periodistas, sin ningún conocimiento médico ni epidemiológico (donde López-Gatell es experto), cuestionan a diario las políticas de salud implementadas, a tal punto de entrar en confrontación abierta simplemente para ganar un poco de notoriedad.

Ha sido el caso de Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, que entró en una disputa abierta con el Subsecretario de Salud y optó por un confinamiento de carácter obligatorio, que de no ser acatado sería sancionado por la fuerza pública. Esto abrió las puertas al autoritaritarismo y a que las cosas se salieran de control. Unos policías arrestaron a Giovanni López, un albañil que cometió el presunto “delito” de no traer cubrebocas en la vía pública. El problema no fue la detención, ya arbitraria por sí misma, sino que al otro día fue reportado a su familia como muerto por golpes, en un evidente caso de violencia policiaca.

Alfaro aspira a ser candidato presidencial con el apoyo de cierta parte de la oposición y de grupos conservadores, que lo comparan con héroes nacionales en lugar de criticar la violencia ejercida por su gobierno. Pero no es el único político de oposición en ir contra las políticas sanitarias de gobierno federal. Otros gobernadores y legisladores de la oposición se formaron en la fila de los que buscan minar la confianza que tiene la gente en López-Gatell, sin importar que esto cueste vidas.

¿Cómo saber a quién le asiste la razón? Parece obvio. Si cualquiera de nosotros tuviera un infarto en este momento, lo más probable es que iríamos de emergencia a un hospital para que nos atendiera un equipo médico. No iríamos a un mitin político y mucho menos a un estudio de televisión. No. Las enfermedades las resuelven losmédicos, no lo políticos. La prueba es que muchos de los estados que han contrariado a la Secretaría de Salud han aumentado visiblemente la incidencia de contagio, como son los casos de Jalisco, Nuevo León y Quintana Roo.

Los periodistas también han entrado al juego de las cifras. Arremeten con “datos duros” la política sanitaria y casi que pretenden retirar licencias médicas. Exponen que en México hay hasta el momento casi 350.000 contagios y 40.000 decesos relacionados con el coronavirus. Pero el desastre que ellos buscan ilustrar está fuera de contexto. Es cierto que en términos absolutos, México ya tiene más contagiados que Europa o muchos países en Latinoamérica, pero no así en relación al número de habitantes.

Por ejemplo, según información de la Universidad de Johns Hopkins y que actualiza diariamente en su Twitter el politólogo Mario Campa, Chile tiene una tasa de más de 17.000 contagios por millón de habitantes y es la más alta del continente. Panamá y Estados Unidos, alrededor de 12.000; Perú 11.000 y Brasil, casi de 10.000. República Dominicana y Bolivia están cerca de 5.000, Ecuador y Colombia alrededor de 4.000. Argentina y Canadá casi alcanzan la cifra de 3.000. Después viene México, con poco menos de 2.500 contagios por millón de habitantes. Muchos de estos países están todavía lejos de alcanzar el pico alto de la curva, como son los casos de Bolivia y Colombia, donde el ascenso apenas ha iniciado.

Si lo sacamos fuera del contexto latinoamericano, la comparativa resulta similar. Hace apenas unos días que México ha sobrepasado a España, Francia, Italia y Reino Unido en términos absolutos de personas contagiadas. Pero todos estos países tienen la mitad de la población que México, lo que significa que su tasa de contagio todavía es de alrededor del doble. Hay una estadística que sí es preocupante y es la tasa de letalidad, que en México está por arriba del 11 %, cuando en la mayoría de los países que hemos citado está entre 3 y 4 %.

¿Cómo es que se llega a ese número tan alto? Aunque todavía el comportamiento de este coronavirus está en estudio, ha quedado claro que su letalidad va ligada enfermedades crónicas preexistentes, que se convierten en comorbilidades. Las más importantes son obesidad, hipertensión y diabetes, donde los mexicanos tenemos las tasas más altas del mundo.

Esta letalidad sí es producto de un defectuoso sistema de salud, pero que heredamos de los últimos treinta años, donde la sociedad mexicana se convirtió en una obesa, hipertensa y diabética, con la anuencia de los funcionarios de salud de la época del neoliberalismo mexicano. Nuestro alto consumo de refresco y comida chatarra comienza desde nuestra infancia en todas las escuelas primarias, donde no hubo restricciones a la venta de estos productos durante años.

Aquí hay otra razón por la que López–Gatell es atacado con virulencia por las cámaras empresariales. Mucho antes del origen de la pandemia, el Subsecretario ya era percibido como un enemigo por la industria de alimentos procesados debido a que era el principal promotor de un nuevo etiquetado para esos rubros. Eso significa desnudar a toda la comida chatarra y a las bebidas azucaradas -como los refrescos- y mostrar todo el perjuicio que causan a nuestra salud.

Inspirado en los modelos chileno y peruano principalmente, López-Gatell empujó desde el año pasado una reforma a la Ley General de Salud y un decreto para combatir la publicidad engañosa de una lista muy larga de productos dañinos por su exceso en azúcares, grasas saturadas, carbohidratos y sales. Todas estas mercancías son corresponsables de la alta letalidad del coronavirus en nuestro país, igual que las anteriores autoridades de salud, que por décadas voltearon la mirada hacia otro lado en perjuicio de la salud de los mexicanos. Hoy, gracias a los empeños de López-Gatell, está nueva ley de etiquetados entrará en vigor el próximo 1 de octubre.

Para darnos una idea, las bebidas azucaradas provocan alrededor de 25.000 muertes al año en México, según un estudio de la American Heart Association.

México también tiene la tasa de mortalidad más alta del mundo, más de tres veces que la de Estados Unidos, que es el país que le sigue y casi 40 veces más que Japón. Debido a estos antecedentes y con el propósito de concientizar más a la población, el Dr. López-Gatell ha empezado a describir a las bebidas azucaradas como veneno embotellado.

En cuestión de horas, toda la industria reaccionó a través de las decenas de plumas que tienen contratadas. Así, las compañías de alimentos procesados y bebidas azucaradas, los gobernadores y varios periodistas sin ética, se han lanzado en una cruzada por tratar de desprestigiar al Subsecretario de Salud, al extremo de decir que no él no debe opinar sobre lo que gente coma o beba, siendo que su tarea principal como servidor público es la prevención y promoción de la salud, y eso solo se da a través de la alimentación.

A los anteriores grupos de presión agregue usted, estimado lector, a la industria farmacéutica y sus cabilderos. Póngales números a todo esto y verá fácilmente que no se trata de que el Dr. López-Gatell sea un funcionario ineficiente, sino que las críticas están relacionadas con negocios de miles de millones de dólares, hechos a costa de la salud de los mexicanos. Un negocio que no quieren soltar las grandes empresas y los políticos y periodistas que las defienden aunque eso le cueste la vida a miles de personas cada año.


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