Latinoamérica tiene un origen ideológico común

Frank Safford en su obra “Política, ideología y sociedad” (1991) se concentra en la formación del Estado en América Latina y explora su base ideológica, fundamentalmente liberal, que toma un curso distinto dependiendo del país en cuestión. Es decir que a pesar que el Estado implementado en todos los países de la región responde a una estructura homogénea, tiene en su desenvolvimiento histórico, una serie de características y experiencias muy propias que se derivan de sus diferencias culturales y en la diversidad de sus pueblos originarios. Diferencias que se expresan formalmente en los actores que tienen espacios relevantes o decisivos en la vida política nacional, la forma en la que implementaron las nuevas políticas tras los esfuerzos independentistas y los períodos de modernización, los roles de los diversos grupos sociales en la estructura económica, e incluso en la conformación y el desarrollo particular de sus élites nacionales en el control del poder político y económico.

El origen político en común más explorado es el sometimiento colonial, un sistema legal impulsado desde la Corona española cuya estructura económica estuvo basada en la nueva modalidad de repartimiento y encomienda que entró en vigencia por las leyes nuevas de 1542 y en la planificación estratégica que fragmentó social y geográficamente a los dominados durante los regímenes coloniales. Es cierto, entonces, que los países de la región comparten un origen político que data entre el siglo XV y XIX. Pero tiene incluso uno más fuerte formado inmediatamente después de los esfuerzos independentistas y es la formación del nuevo modelo de Estado establecido desde una visión liberal y bajo influencia occidental, especialmente francesa debido a su estrategia imperial en México, que se fue consolidando y extendiendo por toda la región a pesar de la disputa entre liberales y conservadores, puesto que la pugna de poder no tenía como bandera ni como objetivo cambiar la estructura y los valores en los que se había fundado el nuevo modelo de Estado. Es por ello que se afirma que es un origen en común más fuerte y prácticamente ineludible que ha condicionado la visión de organización de las sociedades y de las expectativas respecto a los alcances de las funciones del Estado en materia de diseño institucional, garantías sociales y repartición del poder.

Si al comienzo de la época post-independentista, el ala conservadora quería mantener las instituciones españolas en el nuevo modelo de Estado, las cuales posteriormente se fueron suprimiendo por disfuncionales y caducas, la alineación a la ideología predominante fue cuestión de tiempo dado que creaba las condiciones necesarias para rentabilizar los privilegios que otorgaba el circuito del poder. El rol de los conservadores en el nuevo contexto político se convirtió rápidamente en estar cerca o estar en el poder sin alterar la nueva estructura del Estado como en efecto ocurrió cuando estuvieron al frente del gobierno en lapsos de tiempos específicos. La convicción de las ideas nunca fue tan potente como la de los intereses. La oposición a la ideología liberal se expresaba finalmente como una cuestión de perspectiva, ligeramente modificada, sobre el rumbo que debía llevar el nuevo Estado, así como en la lucha por acaparar y dirigir los mayores beneficios hacia un grupo de las élites en el poder. Dado que, en la contraparte de la estratificación social, la clase empobrecida compuesta por grupos culturales distintos a la hegemónica, principalmente, hispánica participaba menos en política y, por tanto, los beneficios para ellos también eran menores.

¿En dónde se gestan y cómo se expresan entonces las derivaciones respecto a la ideología en común dado que es evidente su hegemonía? La mayoría radican en la conformación de las élites y en su fuerza estatal, que cabe destacar era predominantemente débil. En México, los jefes militares intervenían constantemente en el proceso político para defender los privilegios que habían disfrutado bajo el dominio español. En Perú, se conformó un grupo corporativo que tenía influencia en el posicionamiento de los jefes militares como figuras dominantes de la vida política. Lo contrario sucedió en Nueva Granada y en Chile cuando los líderes militares independentistas quedaron casi inmediatamente subordinados a los intereses de la élite política y civil, la cual raramente actuó como grupo corporativo y necesitó de los militares para conservar su poder. En Argentina los militares de carrera fueron derrotados en los conflictos que mantuvieron con los grupos de la milicia local. En Guatemala, las familias Beltranena, Irigoyen y García Granados integraban la oligarquía colonial y en la actualidad aún conservan su posición de clase.

Si bien, la influencia militar en la conformación de las élites parece una constante, es impreciso generalizar la influencia y el rol de los militares en la vida política de América Latina como élite y como ayudantes de la élite. La Iglesia y el ejército[ continuaron siendo importantes, aunque no dominantes en la mayoría de ocasiones, seguían teniendo una influencia importante para mantener el orden desde lo ideológico y la fuerza por medio de las armas. A pesar de que perdieron fuerza en la toma de decisiones nunca cayeron estrepitosamente en la estratificación social, fueron tan capaces de adaptarse a los cambios que aún en el siglo XXI continúan siendo de las instituciones más influyentes en el sistema político y en el conglomerado social, especialmente, en Centroamérica.

Aunque en la conformación de las élites producto del nuevo modelo de Estado radican las diferencias más significativas entre las diversas experiencias de los países de la región, Frank Safford plantea que existe un estancamiento en el estudio de los procesos políticos a nivel local, o de los grupos e intereses que había en el diseño de los marcos legalesposiblemente para obtener beneficios económicos. Es decir que los años posteriores a las independencias, en los que algunos países ya han cumplido los 200 años, formaron una época en la que se perdió información por la ausencia de estudios sistemáticos que explicaran el escenario político de aquellos convulsos años. Eso ha provocado que la explicación de la época inmediata a 1800 sea vaga y radique en la visión de los miembros que la élite política que lucharon por apoderarse de los Estados nacionales.

En cuanto a las similitudes generales que presentan los países de América Latina a partir de sus procesos de independencia destacan basar en un solo producto la economía nacional con la intención de buscar un vínculo con un mercado mundial, la inestabilidad política e institucional de sus sistemas políticos, así como los componentes de sus culturas políticas. Si la economía de enclave fue una estrategia generalizada “de entrega” de los recursos nacionales a empresas extranjeras cuyos resabios aún se observan en algunos países de la región, el predominio y la influencia de la ideología liberal como paradigma común de evolución institucional y normalidad democrática ha definido los procesos sociales y políticos desde la amalgama de la homogeneización y la convivencia por decreto antes que desde la sintonía de lo distinto y de la armonía por acuerdo.

Luis Guillermo Velásquez Pérez
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