Julio Cortázar y la política

Julio Cortázar, estuvo comprometido con la Cuba de Fidel Castro, con el Chile de Allende, con la Nicaragua sandinista y, por supuesto, con la lucha contra las dictaduras en Argentina. Su primera actitud política fue cuando renuncia a su puesto de maestro asegurando que prefería renunciar a hacer como otros que se cambiaron la chaqueta. (El peronismo ha corrido una suerte muy peculiar en Argentina, porque los propios montoneros se alían o forman parte del peronismo). El propio Julio Cortázar le ha dado a su célebre relato “La casa tomada” un sentido político al asegurar que lo que avanza y va invadiendo la casa es la dictadura.

Al visitar la Cuba revolucionaria en 1963, comenta que cuando Fidel Castro mencionó el nombre del Che Guevara escuchó que lo vitorearon 300 mil gargantas. Y añade Cortázar, me sentí orgulloso de ser argentino. Al lado de Cuba vive la más complicada de sus batallas políticas a causa de la aprehensión del intelectual Heberto Padilla. En la ciudad de México, ahora sabemos que promovido por Vargas Llosa, se publica una carta en que se compara a Fidel Castro con Hitler por el que se llama el caso Padilla. La firma todo mundo, incluso escritores que forman parte de los comités de solidaridad con Cuba. Aparecen los nombres de tres integrantes del Boom, además de Vargas Llosa, los de Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Al día siguiente, García Márquez se deslinda con la aclaración de que “sí, me hablaron, pero les dije que no me firmasen”. Cortázar responde con un poema, más bien feo, pero solidario con Cuba que se llama “Policrítica en la hora de los chacales”. Cuba acusa a K. S. Karol, a Hans Magnus Enzensberger,a Pierre Golendorf y otros de encabezar una campaña contra Cuba y a Padilla de haberse aliado con ellos. Cortázar se reconcilia más tarde con Fuentes, pero nunca con Vargas Llosa. Finalmente Padilla se va a vivir a Estados Unidos y su versión de los hechos se aborda en un libro que se llama, no tan casualmente, Mala memoria. (El de Jorge Edwards Persona non gratasobre lo mismo es peor).

En algún momento, Cortázar mantiene una polémica con el escritor cubano Óscar Collazos que se publica en un librito que se titula Literatura en la revolución y revolución en la literatura. Ahí Cortázar defiende a la literatura realista, siempre y cuando ésta incluya, ya que es parte del hombre, la fantasía.

A principios de la década de los setentas, invitan a Cortázar al Tribunal Russell sobre las violaciones a los derechos humanos en América Latina. El escritor colabora de manera heterodoxa, pero plenamente solidaria. Escribe una historieta que titula: Fantomas contra los vampiros trasnacionales. El comic comienza con Cortázar viéndoles las piernas a las muchachas que van pasando y continúa con Fantomas, héroe de historietas francés, pidiéndoles ayuda a Carlos Fuentes, a SusanSontag y a otros intelectuales célebres. Se publica en México en Editorial Era.

El libro de Manuel, una novela de Cortázar de 1974, es un acto político. En ese libro el escritor recurre al collage e inserta entre sus páginas recortes periodísticos principalmente de denuncias de violaciones a los derechos humanos, por más que sus personajes, como siempre en Cortázar, parezcan más que luchadores sociales una pandilla de iconoclastas surrealistas.

También a principios de los setentas, Carol Dunlop y Julio Cortázar visitan Solentiname, la utopía del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Cortázar escribe un cuento, fantástico como todos los suyos. En esas páginas relata que ellos, Carol y Julio, fueron a ver a Cardenal y que su esposa, recuérdese que ella es fotógrafa, retrata a niños y viejos creando los cuadros de pínturanaive que pronto se harán célebres en el mundo o a los hombres pescando, o a todos, no en balde Cardenal es sacerdote católico, celebrando la misa a la orilla del mar. Cortázar y su esposa regresan en el relato a París y ella va arecuperar sus fotos ya reveladas y en vez de las escenas idílicas lo que muestran las imágenes es la destrucción de Solentiname por el ejército. Lo más sorprendente es que cuando el cuento ya impreso está circulando, el ejército nicaragüense destruye, en efecto, Solentiname.

Cortázar es amigo, además de Cardenal, del escritor Sergio Ramírez, que al triunfo del sandinismo será vicepresidente, pero sobre todo del comandante Tomás Borge, la línea dura de la revolución sandinista. (Como se trata de una revolución, la información está compartimentada, en caso de caer presos y ser torturados no pueden revelar el alcance de la revolución en marcha. Hay excepciones, Borge, como comandante, tiene acceso a la información completa, cuando lo aprenden y torturan, no habla). El día del homenaje a Cortázar en Nicaragua con motivo del fallecimiento del escritor, el comandante Borge es uno de los oradores, comienza a leer su texto y la voz se le quiebra y no puede terminar por los sollozos. El texto se publica en México con ese discurso y otros ensayos con el título de Queremos tanto a Julio, que parafrasea Queremos tanto a Glenda, un volumen de cuentos de Cortázar. Antes, Cortázar había rendido tributo al sandinismo con su libro Nicaragua, tan violentamente dulce.

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