Sabores a inundación

Creo firmemente que las últimas inundaciones acaecidas en gran parte de la provincia y provincias vecinas han dejado un sabor amargo en muchas familias afectadas. Tal vez la frase más escuchada en este tiempo haya sido “justo ahora”, los gobernantes en general tenían su “justo ahora que no tenemos recursos para esto”, otros dirán justo ahora que no tenemos nada, otros justo ahora que logramos algo, otros justo ahora que estamos sin trabajo, etc.

Quiero dejar de manifiesto algunas ideas que tienen que ver con lo que alcanzamos a ver por lo menos en la zona del sudoeste, no a manera de encontrar culpables, sino simplemente para entender la complejidad de este asunto y sobre todas las cosas, la complejidad de las soluciones que son necesarias.

  • Nuestras ciudades y geografía no está preparada para este volumen de agua

No digo nada nuevo. Nuestra geografía provincial no es como la de Córdoba o Misiones donde siempre hay escurrimiento de agua debido a las pendientes. Tampoco es como la de Entre Ríos u otras zonas pampeanas que tienen suaves lomadas que marcan el paisaje surcado a la vez con cauces de agua que facilitan la canalización de agua.

Cuando ocurre un desastre climatológico de esta magnitud simplemente es imposible que no haya afectados en mayor o menor medida. Seguramente con una buena planificación y un sinnúmero de obras se podrá mitigar estos efectos pero jamás erradicar.

  • Hemos vivido años de falta de planificación

Muchos recordaban inundaciones de magnitud ocurridas hace 30 años atrás al menos en la década del 80 y otros tanto las inundaciones del 66 entre otras.

Esto significa cientos de obras de infraestructura municipal y provincial sin haber tenido en cuenta estos factores.

La culpa no es de nadie, o es de todos. Los mismos vecinos que se quejaban en las redes sociales sobre las “piletas” que se armaban frente a sus hogares en las calles asfaltadas, aplaudían en los actos de inauguración de dichas calles con un gozo inefable por la llegada del progreso a sus hogares. Lo cierto es que, nadie planificó, nadie lo previó, pero a la vez todos éramos arquitectos, ingenieros civiles, ingenieros hidráulicos, sabíamos hasta de termodinamia para predecir la evaporación de la gran masa de agua, pero nadie planificó.

  • Las pocas obras que se hicieron no tenían el mantenimiento necesario

Esta es otra verdad que sabemos que no existió. Canales tapados, desagües que parecía que llevaban a ningún lado porque estaban taponados. Volvemos a las culpas repartidas, los mismos vecinos que permitimos que una bolsa de polietileno ruede libremente por la calle (bolsa que alguien tiró) ahora nos quejábamos de la falta de limpieza. Por otro lado los gobernantes sacando paladas de basura de los canales diciéndonos – Esto está limpio ¿Ven? ¿Ven?

  • Lo más sorpresivo y bello: la solidaridad de la gente

Emulando una canción popular de antaño ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi camioneta, mi tractor, mi colchón, mi olla, mi iglesia, mi ong, mi tiempo, mi dinero.

La movida solidaria de las ciudades, o al menos lo que se vió en Villa Ángela, no tiene parangón en la historia reciente, o en la historia.

Era un hormiguero de gente recorriendo calles, vecindades, barrios, llevando y trayendo alivio a corazones en manos de gente anónima.

Vecinos que de motu propio y sin esperar recompensa cocinaban en sus casas, albergaban temporalmente personas.

  • Lo que me cansó pero sirvió para identificarlos

Los polémicos, los que sin hacer nada echaban culpa a los que hacían, los cómodos que opinaban desde sus computadoras en casa, los que se olvidaron que en su momento ellos pudieron hacer algo y no lo hicieron pero ahora tenían autoridad moral para hablar. Los necios, los que no suman, los que no contribuyen en nada. Los desamorados, los que decían ¡que se jodan! Los que sin razón o con ella no aportaban soluciones prácticas. Los aprovechadores, los acopiadores, los buscas, los chorros, los que no les interesa nada el otro, los endemoniados.

Los prometedores seriales, los teóricos de la solución, los que lo hubieran hecho mejor, los que no entienden que ahora recién empieza el momento de las teorías, análisis y conclusiones pero en ese momento sólo se requería acción, los que se mojan para la foto.

Por último quiero que pensemos en ellos, en los que perdieron todo, desde colonos millonarios que tienen sus propias flotas de tractores y camionetas último modelo, no los matemos nosotros, saben qué: volverán a apostar y producir, volverán a darnos trabajo cuando se puedan parar.

Quiero que tengamos en mente y oraciones a las familias que perdieron muebles, que sus patios enteros fueron convertidos en letrinas, aquellos que soportaron estoicamente días arriba de una silla para que no les roben lo poco que salvaron. Aquellos que lo volverán a intentar, que necesitarán un empujoncito, no es hora de hacer política, no es hora de avivadas, es hora de estar, de hacer. Pero tengo esperanza, ví cosas muy buenas estos días, superaron totalmente las negativas.

Ojalá saliéramos así al cruce de un matrimonio que está a punto de romperse, un hecho de injusticia que se produce, una falta de un gobernante o cualquier otra cosa que nos indigne.

Esto se traducirá en aires de cambio para el sudoeste… el tiempo lo dirá. Oro que así sea.

Mariano Manuel Zavala

Mariano Manuel Zavala

Esposo, Padre de 3 hijos
Pastor de la Iglesia Evangélica Congregacional
Analista de Sistemas por la Universidad Autónoma de Entre Ríos
Licenciado en Estudios Teológicos por el Miami International Seminary
Presidió durante dos años el Centro de Estudiantes de la Universidad en la UADER Concepción del Uruguay.
Fue Concejal durante 2 años en el Municipio de Maciá, Entre Ríos
Mariano Manuel Zavala

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