Se nos ríen en la cara

El 2023 se perfila para quedar grabado a fuego en la historia de nuestro país debido a la incapacidad y la desidia de un Gobierno que jamás tuvo un modelo ni un rumbo claro, lo cual ha ocasionado drásticas consecuencias. Entre éstas, llegar a la inflación interanual más alta en 30 años y cosechar los resultados socioeconómicos más deplorables de las últimas décadas, producto de políticas tan soberbias como ineficientes.


Sin embargo, ese mismo Gobierno que pretende captar votos en un año clave para perpetrarse en el poder, sigue haciendo oídos sordos a los gritos desgarradores de un pueblo agonizante al cual decide ignorar. ¿Cómo se explica este fenómeno? ¿El colmo de la ignorancia o simple cinismo? Lo único que ha hecho de manera sistemática y con total desparpajo es desparramar planes sociales a los fines del clientelismo político, que solo sirven para fomentar la cultura del no trabajo y tapar con lluvia de billetes los problemas estructurales que tienen estancada a la Argentina.


Se estima que la inflación de febrero, que se dará a conocer el 14 de marzo, rondará el 7 por ciento, tras el 6 por ciento registrado en enero, cifras muy alejadas de las proyecciones realizadas por Economía a fines del año pasado.
Marzo llega con más “gratas” novedades, que ya no causan sorpresa a una clase trabajadora lamentablemente anestesiada de tanto padecer, atrapada en la dinámica perversa alimentada por una clase dirigente incapaz de regular mercados y conducir el barco hacia buen puerto.


En el desglose por rubros y sectores, se sabe que las prepagas aumentarán un 7,6 por ciento para todos los usuarios de altos ingresos y un 5,04 por ciento para los de menores ingresos, de modo que en el primer trimestre del año, los planes de salud habrán acumulado un alza del 24,5 por ciento y 17,8 por ciento, respectivamente.


Las cuotas de los colegios privados subirán hasta un 16,4 por ciento en marzo, y luego 3,5 por ciento en abril, mayo y junio.
En tanto, las empresas de internet, cable y telefonía móvil ya están aplicando subas superiores al 4 por ciento este mes, tope que inútilmente había impuesto el Gobierno.
Por su parte, las petroleras ajustarán un 3,8 por ciento los precios de los combustibles, tras las subas del 4 por ciento implementadas en diciembre, enero y febrero, avaladas por la Secretaría de Energía.


En febrero, el precio de la carne vacuna aumentó un alarmante 25,8 por ciento con respecto al mes anterior, hecho que impactó significativamente en el sector en alimenticio, generando un alza del 7,2 por ciento. Se espera que en marzo continúe esta tendencia.


En cuanto al transporte, las tarifas de colectivos del AMBA se incrementarán mensualmente desde ahora, según la variación del Índice de Precios al Consumidor del Gran Buenos Aires.
Las facturas de gas también vendrán con cambios importantes, que oscilarán entre el 40 por ciento y el 50 por ciento aproximadamente a nivel nacional, de acuerdo al nivel de incremento en los ingresos de las transportistas y distribuidoras del gas natural por red. Por lo pronto, en marzo habrá una suba del 28 por ciento en las tarifas para usuarios de ingresos medios y altos.


A estos aumentos se suman las expensas, seguro del auto, VTV, servicio doméstico y, por supuesto, vivienda para los que carecen de un techo. En este último caso, la situación de los inquilinos es desesperante, ya que se acuerdo con la perjudicial Ley de Alquileres en vigencia, quienes cumplan un año de contrato este mes sufrirán un aumento cercano al 90 por ciento.


A pesar de este panorama, el fallido presidente Alberto Fernández sigue optando por los discursos mentirosos en tono enardecido, como si tal cosa le otorgara la autoridad política que le falta. No solo no se hace cargo de la situación dramática a la que condujo a la Argentina, sino que además sigue defendiendo su paupérrima gestión, que tuvo un efecto explosivo hacia afuera e implosionó dentro del Frente de Todos, acrecentando la grieta interna de manera crítica.


Según intentó excusarse el jefe de Estado días atrás, la inflación es “un problema estructural que afecta a la Argentina hace décadas”, aunque nada dijo de los límites a los que la ha llevado. “Estamos decididos a bajarla, pero no a costa de mayor pobreza o de afectar el crecimiento”, agregó, en un análisis inadmisible dado que los datos de la realidad demuestran cómo la clase media se va achicando día a día, ante la disminución constante del valor del salario y en consecuencia, del poder adquisitivo.


Como era de esperar, en la Asamblea Legislativa realizada la semana pasada, Alberto Fernández pronunció la misma sarasa de siempre, alegando -sin ponerse colorado- una gestión impecable, y tampoco hubo anuncios de medidas concretas.

Uno de los momentos más tristes de nuestra historia nacional, que pretenden pintar de colores. Y a pesar de que les revolean los lápices por la cabeza, siguen enfocados en la carrera electoral, bajo la infame mentira de un “crecimiento económico” que no existe, sino solo en sus mentes perversas.

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