Mesa y Morales, dos caras de una misma moneda


La carrera electoral boliviana partió con fuerza desde el año 2015.

Si bien no iba ni un año en curso de la tercera gestión de Evo Morales por el Movimiento al Socialismo (MAS), el proceso electoral por el referéndum nacional que consultaba la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado estaba en marcha.

La acentuación de este proceso marcó diferentes significados para varios conceptos multivalentes. Palabras como Pueblo, Patria o Ciudadano resurgieron como palabras sin un significado claro. La resolución (o la falta de la misma) del proceso de febrero de 2016 marcó un hito histórico en el actual paradigma social. Era la primera vez que Evo Morales perdía en una elección de manera directa desde el año 2002 (en la que perdió la carrera presidencial obteniendo un segundo lugar).

Éste, es un país en donde no es necesario idear nuevas estrategias o presentar distintas ofertas para ganar al electorado. HCF Mansilla ya decía hace muchos años que somos una sociedad que exige pelea de líderes, salvadores y caudillos. Ligando esto al espectro político, los bolivianos y bolivianas somos una sociedad que vive en construcción social de leyenda en las que el eterno lamento boliviano será encarado y derrotado por un salvador. Creemos fervientemente que la personalidad individual impera sobre el trabajo en conjunto – como equipo de trabajo, como plantel de fútbol o como sociedad. Nuestra cultura política demuestra una clara alineación con lo místico y legendario, con el fuerte guerrero que luchará contra los males que aquejan a la población. De esta forma, Bolivia es altamente vulnerable a los famosos caudillos. Bolivia es altamente vulnerable producto de su incontenible ignorancia y su retrasado desarrollo social e institucional.

Dicho y hecho, Carlos Mesa se presenta como la alternativa a Evo Morales. El desarrollo discursivo actual del candidato opositor queda totalmente relegado por su propia imagen. Es decir, por más que centralice su discurso en la des individualización de la política boliviana para Junio de 2019, la gente que planea votar por él ni siquiera ha podido tener acceso a su plan de gobierno, pero votará por él. ¿A qué se debe este curioso fenómeno? Pues sencillamente a la primera impresión electoral que formuló Mesa en Octubre del año 2018: Tenemos un país en crisis, con problemas como la corrupción y el narcotráfico y yo soy diferente. Yo soy la mejor alternativa porque yo, claramente, soy más preparado que Evo Morales. Yo no soy corrupto, yo no soy narcotraficante ni estoy ligado con los mismos. El error de Mesa fue plantar las primeras bases de su larga campaña política en su inmaculada figura de superhéroe. Desde luego, el pueblo boliviano se moverá por la intensa polarización que existe actualmente a causa del referéndum de 2016 mencionado con anterioridad. ¿Qué está haciendo Carlos Mesa entonces? Notoriamente, hace uso de herramientas discursivas altamente populistas para diferenciarse del Populista de Evo Morales. La población boliviana, deleitada con este asombroso despliegue, no llega a darse cuenta que Evo Morales no es el enemigo, sino nuestra propia cultura que exige caudillos en cada proceso electoral. Evo Morales, con su inagotable avaricia de poder, demuestra lo más profundo de nuestra podrida cultura política: aprovecharse lo mejor que se pueda del Estado y adorar las figuras políticas desde un asentado culto a la personalidad. ¿Carlos Mesa será tan diferente como predica?

Entonces ¿Por qué es importante la conceptualización forzada del ciudadano por parte de Carlos Mesa y su coalición? Porque dentro de su improvisada línea de contenido, refuerza la palabra ciudadano desde una visión polarizadora y excluyente. ¿Quiénes dentro del espectro social se pueden considerar ciudadanos? El discurso del día a día presenciado desde Redes Sociales y Medios de Comunicación declara que será ciudadano todo aquel que no sea masista o evista. Ligado al masismo, se adjuntan diversos métodos de discriminación y segregación, como ser raza, clase social o niveles de educación.

Lo peor de esta situación, es que ni siquiera es Carlos Mesa quien despliega estas estrategias tan pobres que sólo encienden y acentúan los problemas que tenemos como país, sino un conjunto de asesores políticos que no superan los treinta años y tienen un pensamiento de inicios del siglo XX. Luego, observamos con detenimiento que ambos partidos en pugna fundan su discurso a partir de la diferenciación del otro, la ruptura de clases sociales, corrientes ideológicas y raza. Ambos buscan enemigos internos y externos donde podrán dirigir la culpa de seguir siendo bolivianos y seguir lamentándonos a casi doscientos años de la independencia. El partido de Carlos Mesa continúa advirtiendo que son distintos a Evo Morales y el MAS. Sin embargo, a cada paso que dan, demuestran lo idénticos que son. Uno utilizó el concepto de indígena-originario-campesino para conseguir el poder y gobernar, otro utiliza el concepto de ciudadanía para conseguir el poder y gobernar. Ambos, dividiendo un país totalmente violento.

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Gonzalo Carrera Cornejo

Gonzalo Carrera Cornejo

- Columnista en www.cronistaslatinoamericanos.com
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