La dirigente pasó de ser la víctima de un clip viral que insinuaba desorden a construir una imagen de “Disciplina de Acero”. Pero… si bien su look pulido es la respuesta semiótica insuperable a la anarquía, sus modos bruscos en el desplazamiento aún revelan una fisura entre su imagen estática, foto, y su imagen dinámica (en desplazamiento), película.
La política es una guerra de narrativas, y en Argentina, ninguna imagen fue tan vulnerable y, a la vez, tan estratégicamente revertida como la de Patricia Bullrich. El punto de quiebre no estuvo en una propuesta fallida, sino en aquel video que circuló en redes (y que la prensa tuvo que desmentir) editado para hacerla sonar presuntamente “alcoholizada”. El ataque no era a su ideología, sino al pilar más sagrado de su marca personal: el Control.
El mensaje que ese video instaló fue de desorden, debilidad y falta de precisión, de aptitud, dinamitando la promesa central de su discurso: orden y firmeza. La metamorfosis que le siguió, coronada con el cabello perfectamente peinado y el collar de perlas, es un manual sobre cómo un líder convierte una crisis de imagen en la fortaleza del rigor innegociable.
El Arreglo Personal como Declaración de Intenciones
Tras el episodio del video, la estrategia de imagen de Bullrich se volvió casi una obsesión por la disciplina visual, creando la figura de la “Guerrera Institucional”.
● La Pulcritud como Escudo: El Peinado Inamovible: La clave es la fijación. Su cabello corto y de un color milimétricamente editado, con volumen estudiado, se convirtió en una metáfora visual del orden interno y la convicción. No hay un solo mechón fuera de lugar. Su mensaje subliminal es claro: “Mi voluntad es tan firme como mi peinado. Tengo el control absoluto”. Esto contrasta con el peinado de otras mujeres políticas, como la elegancia pulida de Cristina Kirchner, o la empatía suave que solía proyectar María Eugenia Vidal. Bullrich eligió la autoridad.
● El Intento de Suavizar el Discurso: Vimos cómo, para entrar en ámbitos más formales (como su visita a la Bolsa de Comercio de Córdoba), su equipo la vistió con conjuntos de sastrería clara o casi blanca . Este recurso busca adecuar sus modos bruscos y su mensaje duro con una vestimenta de feminidad pulcra y denotando transparencia (el blanco). Es el power look intentando ser sutil pero que no siempre le sienta bien a su particular manera de desplazarse. Hay un ruido, una discordancia comunicacional, a atender allí.
La Semiótica Final: El Collar de Perlas y el Vínculo con Thatcher
El broche de oro, el gesto de comunicación política más brillante de esta etapa, se vio en su momento cumbre al festejar los resultados electorales ayer. El collar de perlas no es casual. Es el accesorio que la inviste con el arquetipo de la “Dama de Hierro” argentina, Margaret Thatcher, quien usó las perlas como un toque de estatus conservador para legitimar un poder inédito. El mensaje es claro: “Estoy aquí para traer el orden y tengo la autoridad institucional para hacerlo”.
La Fisura en el Protocolo: Del Éxito de la Foto al Error del Movimiento
A pesar de esta gestión de imagen casi perfecta en el plano estático (la foto), existe una discordancia crucial que debe ser corregida en su trabajo de imagen política:
● Imagen Estática (Foto/Video Editado): El cabello, el blazer, las perlas, y el color del conjunto son el orden personificado. La fotografía comunica la disciplina.
● Imagen en Movimiento (Desplazamiento): Sus modos bruscos de desplazarse, la falta de fluidez, la rigidez o la velocidad al caminar, a menudo revelan el temperamento impaciente que su aspecto pulido intenta atenuar. Hay una incoherencia entre el protocolo de su vestimenta y el protocolo de su gestualidad que aún no está resuelta y necesita atención en pos de lograr una imagen auténtica.
La disciplina del arreglo personal que abraza desde hace un tiempo busca convencer, pero los modos tan propios de su desplazamiento, lenguaje corporal, le juegan una mala pasada, sugiriendo que las “disciplinas de impecabilidad y la elegancia” le resultan aún una armadura incómoda de llevar.
Este es el punto a mejorar en su estrategia, en mi opinión lograr que su imagen en movimiento sea tan fluida y controlada como la fotografía que su equipo publica en redes sería un desatino, jamás un trabajo para mejorar una imagen política debe ser sacrificando autenticidad, lo estático debería seguir lo sostenible desde la imágen en desplazamiento, después de todo como les digo a mis asesorados no somos una figurita 2D pegada en una revista. Sería una pretensión torpe desde lo profesional e insostenible desde lo real pretender que lo humano se ajuste a una imagen plana, quieta.
El Duelo No Verbal: Bullrich vs.Milei
La comparación entre Bullrich y Javier Milei revela dos estrategias de imagen opuestas, pero con el mismo objetivo: la autoridad incuestionable.
Mientras Milei utiliza el desorden de su mirada como una bandera de su convicción visceral contra el establishment, Bullrich utiliza el control absoluto de su imagen para demostrar su convicción metódica de restaurar la disciplina.
Al final, el dirigente que fue ridiculizado por un deepfake de descontrol, terminó ganando la batalla de la percepción al vestirse de orden inquebrantable. El mensaje es una lección maestra de comunicación política: la imagen es poder, y el control de los detalles siempre triunfa.
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