Talento

Recordando el inicio de mis días como estudiante universitario y, ya que estamos en confianza, deseo contar una experiencia personal, para que entienda mejor a dónde nos dirigimos.

Aparentemente, había preparado toda mi vida para ser contador público, por lo menos hacia ese sitio me orientaron mis padres, mi facilidad para los números, la elección casual de un colegio con un bachillerato comercial orientado a las Ciencias Económicas, el cual elegí simplemente porque me quedaba a 1 cuadra de mi casa (escuchaba el timbre desde mi habitación y salía, de hecho casi siempre terminaba al borde de quedar libre en faltas por ¡llegadas tarde! Una paradoja de adolescente). Todas esas cosas, de las cuales debo decir, yo no tuve mucha conciencia, hicieron que hasta el último año del secundario pensara, y estuviera casi convencido, de que la carrera de contador, era un buen negocio para mi futuro, me daba prestigio y supuestamente, según me decían, también me daría un buen pasar económico.

El problema (para mis viejos ¡Ja ja ja!) fue cuando en el último año del secundario decidí estudiar guitarra. Yo ya tocaba algunos acordes y rasgaba algunas canciones, pero de manera intuitiva. Cuando fui por primera a vez a estudiar guitarra, descubrí un mundo desconocido para mí, un mundo que estaba dentro mío, esperando cual genio dormido, que alguien frotara la lámpara para salir a conceder deseos. Allí me enamoré de la guitarra eléctrica, de los caminos del rock, de la distorsión y me intoxiqué un poco con la adrenalina que todos tenemos (en mayor o menor medida) de ser una estrella ovacionada por un estadio al empuñar un micrófono y colgar con una correa de ancho cuero y brillantes tachas una reina de seis cuerdas.

Claro, este descubrimiento chocaba profundamente con mi rol de CTC (CTC: contador de traje y corbata), y con 17 años cumplidos no podía digerir lo que me estaba sucediendo.

Conclusión: Al terminar el secundario estaba convencido de que me gustaba la música y la guitarra, pero que debía estudiar una carrera “seria” que me diera de comer, y que luego de terminarla, podría, como hobby hacer lo que quisiera.

Eso pensaba mi mente inmadura. Estaba tratando de autoconvecerme que lo que decía estaba bien. Estaba tratando de engañarme a mí mismo y mientras les explicaba a otros, que no iba a hacer lo que realmente me gustaba, elaboraba respuestas ficticias justificando muy mentalmente mi decisión.

Me inscribí en Ciencias Económicas y cursé hasta tercer año, pero ese año intentando sostener mi autofraude me anoté también en una escuela de música de Córdoba llamada “La Colmena” y allí terminé por conflictuarme, ¡Saltó a flor de piel mi engaño! Y me di cuenta de que la música es una mujer que no puede ser considerada una amante… Es mujer o nada. (Por lo menos para mí)

Tomando un café en un bar en la esquina de la avenida Colón y Jujuy decidí dejar la carrera de contador y dedicarme a la música.

Ahora el problema era: ¿cómo se lo digo a mis viejos?

Para resumir, en una charla muy profunda con mi padre, después de que él me diera razones muy válidas por las cuales no debía dejar Ciencias Económicas en 3er año, me dijo: “De todas maneras hijo, cuando uno siente que tiene algo que hacer en la vida y ésa es su vocación y destino, no tiene que llevarle el apunte ni siquiera a su propio padre”.

En ese momento esa respuesta me dio una lucecita de esperanza…

Hoy me ha dejado una enseñanza que jamás olvidaré y que la uso en muchos momentos de mi vida.

Yo ya había tomado la decisión y era inamovible.

Lo que quiero resaltar es la sensación que tuve desde ese momento en mi vida en general.

Me sentí CÓMODO, CONFORME, CONTENTO.

Me sentí, motivado, desafiado, estimulado, sentí (por primera vez en mi vida) deseos de estudiar, de ir, de aprender, de hacer, de crecer, de conocer.

Eso NUNCA me había pasado antes.

Ahí descubrí lo que significa la frase: “Vivir de lo que te gusta”.

Y eso no es una cuestión de dinero, es una cuestión de VIDA, es una cuestión de cómo uno decide vivirla. Uno disfruta de vivir y vive disfrutando cada día, mirando como transcurren los hechos, disfrutando de los procesos, más que de los logros.

Insisto, no es cuestión de dinero, el dinero pasa a un plano secundario, por más que esté.

Eso sólo sucede cuando se encuentra ese eje que alinea la vocación con el trabajo. Lo que te da dinero con lo que le gusta hacer… ¡PERO OJO! Lo que te gusta hacer no necesariamente tiene que ver con hacer dinero. Por eso es que digo que el dinero, aunque esté como un elemento de la variable, pasa a un segundo plano.

Hay personas que deciden no disfrutar de su vida, a cambio de dinero, eso a veces sucede conscientemente, y otras, las situaciones difíciles de la vida generan que no se pueda elegir, que suceda inconscientemente. La vida lo impone.

Con esto no quiero decir que todos los músicos sí disfrutan de su vida, y que todos los contadores son ¡infelices! Ja ja ja. PARA NADA. Únicamente cuento mi experiencia, donde las carreras que menciono sólo se pueden relacionar conmigo y con lo que YO SOY, las carreras en sí, no significan nada, el que significa SOY YO, es decir, uno le da sentido a las cosas, ya que las cosas en sí mismas no SIGNIFICAN nada, no tienen significado, son “sólo cosas”. El punto es que uno, como dije, consciente o inconscientemente, obligada o voluntariamente, se ve forzado a elegir hacer lo que NO LE GUSTA, por el simple hecho del dinero, de presiones varias del entorno, familiar, social, sin importar lo que uno ES, sin tener en cuenta lo que a uno le GUSTA, sin atender lo que es, lo que uno DISFRUTA de hacer y cuáles son las HABILIDADES y TALENTOS que posee.

Martín Gómez
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