Organizar el desorden; Sustentabilidad y progreso no son incompatibles

Entropía es un concepto que se utiliza en física para explicar que todas las cosas, en un proceso evolutivo, tienden al caos, al desorden, a medida que pasa el tiempo. Es decir, los sistemas parten de un punto de equilibrio y luego, durante ese proceso, sufren cambios y transformaciones hasta que logran un nuevo punto de equilibrio. Así, orden y caos son dos aspectos que se retroalimentan constantemente; una forma en la que el progreso y la destrucción se alternan indefinidamente, o sea, la naturaleza de la vida misma.

Pero, ¿qué tiene que ver la entropía con la temática ambiental?, podrá preguntarse alguien que haya puesto la atención en esta lectura; pues bien, tiene que ver, y mucho. Esto es así porque la “Ley de la Entropía”, que es mucho más compleja en su interpretación que la simplista explicación inicial, es aplicable a otras disciplinas; tal es el caso de las ciencias sociales, por ejemplo.

En la “Teoría de la Complejidad y el Caos en la Ciencia Regional” (Andrés E. Miguel y otros), se aborda esta última cuestión. Como la entropía es un patrón de medida, ellos utilizan la entropía relativa como un indicador para medir las desigualdades internas que posee una región.

Así, se puede ver que la entropía y la sostenibilidad son conceptos que están interrelacionados. En efecto, alcanzar un alto potencial de sustentabilidad para las sociedades, supone garantizar un equilibrio entre lo social, lo económico y lo ambiental. Vale decir, lograr equidad social y eficiencia económica en un contexto que asegure su supervivencia en el largo plazo.

En el caso contrario, una región no sustentable solo es capaz de brindar bienestar y riqueza económica a sus poblaciones en el corto plazo; y a veces ni siquiera eso. En estos casos, la falta de sustentabilidad no hace más que reflejar la vulnerabilidad y los riesgos y las amenazas a los que se ven expuestas; los factores del desorden. Una situación de este tipo es poco propicia para el crecimiento y desarrollo de las comunidades; el resultado, de no mediar acciones para revertirlos o hacer frente a ellos, es la migración hacia lugares que aseguren condiciones de vida más saludables (si es que esto es posible).

Hoy, es un axioma, que todos los sistemas económico-sociales deben poder perpetuarse en el tiempo sin afectar la capacidad de los ecosistemas a los que pertenecen. Claramente, si su funcionamiento solo es posible a partir de la destrucción o sobreutilización de los recursos que posee, la viabilidad ecológica de los ecosistemas se verá seriamente comprometida. Entonces, nuevamente vemos como destrucción y regeneración, orden y desorden, inestabilidad y equilibrio vuelven a conectarse.

El proceso evolutivo de las sociedades conlleva necesariamente cambios inevitables; no obstante, las modificaciones que se van produciendo, en algún momento deben reordenarse y permitir alcanzar un nuevo punto de partida. Esto es lo que pretende lograr la sustentabilidad, ordenar el desorden provocado por un modelo económico de producción con externalidades negativas significativas; un modelo que ha sido el imperante en el mundo desde la revolución industrial.

En ese mismo proceso evolutivo, todos los sistemas están expuestos o sometidos a riesgos y amenazas, tanto propias (desastres naturales, alteraciones geológicas, etc.), como inducidas (por intervenciones antrópicas); asimismo, a esos riesgos y amenazas se los puede usar como parámetros de la vulnerabilidad de un sistema, ya que en conjunto los riesgos, las amenazas y la vulnerabilidad reflejan la entropía del aspecto sustentable de las regiones.

En otras palabras, un sistema se sostiene, en términos de sustentabilidad, solo si el empleo de recursos no excede los límites ambientalmente tolerables de extracción. Así, respetar los límites significa que lo que se utiliza para generar bienestar y riqueza económica, debe estar por debajo de la capacidad de regeneración de los propios ecosistemas; o sea, que la entropía que devolvemos al sistema, o a los ecosistemas, no sea de tal magnitud que termine afectándolos negativamente.

La importancia de la entropía también está dada en que puede influir en la competitividad a través de la eficiencia. Una región, un sistema o una sociedad más organizada que han alcanzado un nuevo punto de equilibrio, es más competitiva que otra si la puede superar en aspectos tales como el acceso al conocimiento y la tecnología, a los recursos públicos y privados, así como al mercado para la venta de sus productos o la adquisición de recursos naturales y materias primas.

De tal manera, lo anterior no hace más que sugerir que para mejorar la competitividad, el crecimiento económico de una población no es un tema que se solucione solo con planificación; no, lo que demuestra es qué para lograr el bienestar general, ejercer el control de la entropía del desarrollo es fundamental.

En ese control están incluidas todas las funciones ecosistémicas identificadas como críticas; las de regulación (biodiversidad, clima), las de soporte de vida (mantenimiento de la capacidad de los ecosistemas), las de las fuentes de recursos, las de sumidero (absorción, reciclaje), y las de aprovisionamiento (alimento, agua).

Para finalizar, la forma elegida para plantear el tema del desarrollo de sistemas sostenibles, pretende aportar desde una óptica diferente. El caos y la destrucción son aspectos comunes a la evolución humana; lo que ocurre es que en tiempos pasados no llegaba a afectarla, o si eso sucedía, el hombre, dicho en términos genéricos, lo solucionaba más fácilmente.

Hoy eso no es posible, por lo que las acciones que se emprendan con el objetivo de permitir una nueva reorganización –positiva- de la naturaleza, son una tarea ineludible que nos incumbe a todos. Solo así se podrá cumplir con la premisa de la sostenibilidad, esa que dice satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, sin afectar la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias.

Silvio Monteleone

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