El peronismo bonaerense se encuentra en una profunda crisis de liderazgo, evidenciada por el contundente triunfo de Axel Kicillof en la elección provincial de septiembre y la dura derrota nacional en los comicios del 26 de octubre. Esta brecha sísmica expone la eterna dicotomía entre la gestión territorial y el liderazgo ideológico. En el epicentro de esta tensión se encuentran los intendentes del Partido Justicialista (PJ), un sector reivindicado y protegido por Kicillof bajo el flamante sello MDF, pero sistemáticamente cuestionado por la conducción política central del cristinismo (Cristina, Máximo y La Cámpora).
El revés a la tesis de la “militancia agotada” y la prueba del territorio
La cúpula del otrora núcleo de poder “Instituto Patria” había expresado su preocupación por la estrategia del desdoblamiento electoral de septiembre, criticada por la exmandataria. La tesis sostenida era que, una vez asegurada la elección favorable a los jefes comunales, estos “no militarían” con la misma vehemencia el tramo nacional en octubre. El resultado provincial, con una victoria contundente por 14 puntos en septiembre y victorias locales en los principales distritos municipales cuestionados en octubre, refutaron empíricamente esta hipótesis. Los intendentes, con su capilaridad territorial y su aceitada maquinaria política, demostraron ser los verdaderos artífices de la acumulación de votos.
El contraste se hizo palpable la noche del 26 de octubre. Mientras el gobernador dedicaba un agradecimiento enfático a los jefes comunales en el búnker de Fuerza Patria, los rostros de Máximo Kirchner, confirmaban que el reconocimiento a la gestión local generaba una fricción evidente con la conducción partidaria que continúa dudando la entrega de los mandatarios municipales. El malestar no fue sutil: Gastón Granados, intendente de Ezeiza, sentenció el sentir de su sector con una frase que resonó como una interpelación a la conducción del PJ: “que la dirigencia nacional entienda que los que tenemos votos somos los intendentes”.
Territorio vs. balcones
Esta proclama es la crítica directa a una estrategia que, en el armado de las listas legislativas nacionales, optó por la endogamia ideológica y la pureza doctrinal, relegando a figuras de peso territorial en favor de referentes de baja performance electoral histórica. Se privilegió la confrontación conceptual y la “trinchera ideológica” desde los balcones de San José 1111, en detrimento del pragmatismo que exige la construcción de una mayoría social y política.
El triunfo de Kicillof se explica por la conexión de su candidatura con los responsables políticos de soluciones reales y la cercanía a la gente, un capital de gestión que el territorio defendió con ferocidad. La derrota nacional, por el contrario, parece ser el precio de una conducción que priorizó “ganar una discusión interna” y “tener razón” ideológica, desatendiendo la representación efectiva de grandes porciones del electorado. La decisión de Máximo Kirchner a los intendentes de las listas nacionales y reemplazar su peso territorial con referentes de La Cámpora o figuras de movimientos sociales, se leyó como un intento de disciplinar al PJ bonaerense, en lugar de buscar la máxima representación posible.
El caso Gray: votos perdidos por conducción fallida
Un ejemplo paradigmático de esta fallida conducción política y de la debilidad de la estrategia de unidad es el caso de Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverría. A pesar de su histórica disputa con Máximo Kirchner, Gray formó parte de la lista de “Fuerza Patria” y aportó a la victoria provincial en septiembre. No obstante, ante la “izquierdización” de las listas nacionales y la continuidad de su rival político en el control de las candidaturas, Gray decidió jugar por fuera en octubre, alcanzando casi 2 puntos con su boleta.
Este episodio no es solo una anécdota, sino una evidencia de una mala estrategia de contención y amplitud. El caudal de votos de Gray, aunque minoritario, fue el resultado de una facción que se sintió expulsada por el verticalismo y el sectarismo en el armado. El peronismo, que se precia de ser la columna vertebral de los movimientos nacionales, se mostró incapaz de contener a sus propios cuadros con gestión, socavando la necesaria unidad para representar mayorías. “Ningunear a los dirigentes y cerrar las listas siempre a espaldas del territorio tiene sus consecuencias”, señalaron algunas voces cercanas a las intendencias.
El reclamo del ‘Frente de los 14 Puntos’ y el futuro del PJ
El peronismo bonaerense se encuentra en un punto de inflexión. Los intendentes, dueños de los votos y artífices del único triunfo contundente, exigen una reestructuración del liderazgo que refleje su peso político real. Es el reclamo del “Frente de los 14 Puntos” que pide pasar del disciplinamiento programático en favor de “agendas que sólo se conversan en la prisión domiciliaria de la expresidenta” a la amplitud pragmática que conecta el discurso con la gestión y el territorio.
La gestión y el territorio han emitido su veredicto. La conducción central debe dilucidar si persiste en un camino que busca triunfos argumentales a expensas de derrotas electorales o si asume la necesidad de una conducción política que traduzca el éxito bonaerense en una estrategia federal competitiva. La derrota nacional ha desatado una rebelión cada vez menos silenciosa de intendentes y también gobernadores, que exigen una reformulación estratégica que ponga el eje en el territorio y la necesidad de representar a la mayor cantidad de argentinos posible.
Queda abierto este capítulo del presente político del peronismo a dos años de la siguiente elección nacional.
- El PJ Bonaerense entre el territorio y los balcones - 28 de octubre, 2025


