Kicillof, entre el armado para el 2027 y sortear la interna del peronismo

El gobernador Axel Kicillof ha dado inicio a su última fase de mandato, marcada por el desafío de consolidar su liderazgo en el peronismo y posicionarse como la principal alternativa federal capaz de disputarle la presidencia a Javier Milei en 2027.

Sin embargo, el cierre de este año le toca afrontar un desafío aún mayor y que no se desapega de las discusiones que viene teniendo el peronismo puertas adentro durante el 2025.

Kicillof es actualmente la figura más visible de la oposición al Presidente, superando en encuestas a la inhabilitada Cristina Fernández de Kirchner.

Esta posición se basa en la ventaja de gobernar la provincia con el 38 por ciento del padrón y el éxito de haber desdoblado los comicios de 2025, un hecho inédito que, según algunos, lo recibió de gobernador y le da un plafón político propio.

No obstante, el camino es complejo, pues sus propios adversarios internos ven debilidades en su perfil. Un dirigente de La Cámpora lo tilda de ser “lo menos novedoso que hay” y sin “impronta reformista”, mientras que otros critican que “no hay tanto que valorar en la gestión” y que no lee el tiempo del electorado.

El mayor escollo para iniciar el camino nacional es la interna al rojo vivo con el cristinismo y Máximo Kirchner. La estrategia del gobernador es simple: “Ignorándolos. Ya no podemos hacer más nada”.

Si bien sectores de su propia agrupación del gobernador, presionan para que pelee la conducción del PJ bonaerense o desplace a La Cámpora del Gabinete, Kicillof se resiste a ese camino.

El objetivo es correrse de las “peleas de poca monta” que “favorece a Milei” para centrar la disputa con el Presidente. “Vamos a hacer nuestro camino. Quien quiera venir, bienvenido, pero 2027 nos va a encontrar juntos, porque es la única manera de ganarle a Milei; no puede haber excluidos ni vetados”, avisan en los despachos de la Planta baja de la Gobernación y con acceso directo al despacho del mandatario.

Para eso, el plan de Kicillof mantiene una doble estrategia. Por un lado, potenciar la gestión como “una marca distintiva y definitiva”. Kicillof priorizará la gestión de la provincia, que considera su marca distintiva y la clave para ganar elecciones.

La obtención de la ley de endeudamiento fue crucial para este objetivo, aunque ahora debe lidiar con el Gobierno Nacional por los avales.

En Casa Rosada saben esto y avanzan con el plan de ahogo a las arcas bonaerenses. A los casi 13 billones de pesos que se adeudan por fondos coparticipables, se suma la negativa de habilitar el endeudamiento que tiene aval de la Legislatura.

El segundo de los puntos pasa por la construcción de la alternativa federal. Sin desatender la gestión, comenzará la construcción nacional con una propuesta ultra federal, más amplia que el peronismo. La idea es buscar referentes y temáticas en cada provincia, dejando atrás la lógica de decir desde Buenos Aires cómo se solucionan las cosas.

En su entorno, aseguran que el plan no tendrá vértigo ni “frases marketineras”. La gestión de la provincia y su experiencia en el Ministerio de Economía serán “la prueba de su capacidad”.

En el kicillofismo se considera que “no se puede estar en campaña dos años” porque “desgasta, te hace perder espontaneidad” y que “hay que tener cuidado con el clima social”. Sin embargo, los alcaldes del kicillofismo ya avisaron que comenzarán la recorrida por los casi 2400 municipios del país.

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