Entendiendo el voto evangélico

Las últimas elecciones en Brasil y la victoria de Bolsonaro dejaron entrever, entre tanta discusión por este candidato outsider (candidatos poco relacionados con la política tradicional), el poder de convocatoria que es evidente en el evangelicalismo.

Este cruce entre la política y la fe dejaron vislumbrar una incógnita para muchos: ¿Cuál es la relación ideal que deben tener la fe y la política?

La iglesia y la política nunca han estado separadas. De ahí quizás es la lucha por la separación entre la Iglesia y el estado que se viene dando en Argentina, a través de la campaña de separación Estado/Iglesia.

En Argentina la Iglesia católica aparece como persona de Estado, es decir que tiene un estatus privilegiado. (Discusión que se da entre varios círculos evangélicos y otras religiones)

Lo que los evangélicos llaman “La Argentina católica”.

Pero el evangelicalismo tampoco está ausente en este asunto. Quizás es desde otra perspectiva. Desde la praxis más que desde altos mandos.

Hay una imagen de los evangélicos en Latinoamérica a primera línea que es evidente. Si Ud. Le dice a una persona más o menos informada “evangélicos”, la primera imagen que se les viene a la mente son: predicadores televisivos, personas que hablan con lenguajes efusivos y enérgicos.

Para analizar la actividad política evangélica es preciso hacer un rápido análisis histórico del caso:

• El evangelicalismo jamás ha estado aislado de la política. Cuando el evangelista norteamericano Tommy Hicks vino a Argentina, fue recibido por el entonces presidente Juan Domingo Perón. Un hecho sin precedentes.

• Los bautistas del sur, por ejemplo, en Norteamérica, han estado históricamente vinculados a los republicanos.

• Dado que la mayor parte de las denominaciones que hoy existen en Latinoamérica son nacidas en EEUU, es claro que la inclinación ideológica es hacia “los países de arriba”

• El evangelicalismo es un movimiento que tiene muchas vertientes, (protestantes, menonitas, metodistas, bautistas, pentecostales, etc) dentro de estas denominaciones, por así decirlo, el pentecostalismo es el que más ha crecido en los últimos años. Es una rama relativamente nueva (data del siglo XX) y convoca a un sin número de gente.

Las formas de organización pentecostal son extremadamente plurales: redes de iglesias de mediano y gran porte que tienen decenas, cientos o miles de iglesias miembro, iglesias autónomas que albergan concurrencias que pueden abarcar desde miles, cientos o decenas de fieles. Pero también abarcan instituciones de producción cultural como editoriales, sellos y emprendimientos musicales que operan transversalmente las distintas iglesias creando referencias experienciales y estéticas comunes.

Cabe destacar que durante muchos años estos actores jamás estuvieron vinculados tan directamente a manifestarse públicamente sobre cuestiones políticas. Entendían que estar involucrado en estas cosas los hacía parte de la cosa mala, de lo diabólico, lo profano.

Aparecen estos creyentes en el siglo XX debido a lo que ellos llaman “el avivamiento”. La conquista masiva de las almas para Jesús. A través de campañas en canchas de fútbol, la televisión y la radio.

Su diferencia es más teológica. Una actitud más orientada a ser conversadores. En lo político y en lo dogmático también.

En este escenario, la iglesia metodista y algunos sacerdotes se diferencian por estar más vinculados a la lucha por los DD HH.

A partir de ahí, no se puede demostrar una causalidad directa de este crecimiento, lo que sí es evidente es que hay un proyecto político.

Llega Billy Graham a Argentina, se crea una reunión masiva.

Luis Palau es quizás la figura más representativa argentina de este movimiento. (También llamado el pastor de los presidentes)

Así que hay una creciente vinculación de estos evangélicos hacia la política y comienzan a participar. Los que antes rechazaban ahora se involucran. Y comienzan a participar cercano a los intereses de sus iglesias madres en EE.UU.

En este sentido, Argentina no ha quedado aislada. La mayor concentración evangélica se dio, entre otras cosas, gracias al aparato de ganar las calles de las iglesias más importantes y con mayor concurrencia. Es una clara manifestación pública del gran peso que tienen pastores y sus mega-iglesias.

Esto se debe principalmente a la creciente movilización por parte de varios movimientos que ellos consideran “en contra de los principios de dios” (movimiento feminista, colectivo LGTBI, movimiento aborto legal).

Así que claramente lo que los mueve es una incomodidad sobre lo que ellos reconocen como “valores”.

En esta movida, han ganado un adepto importante: La iglesia católica. Dato relevante, ya que durante muchos años se han disputado la escena espiritual de las calles. Dejando de lado sus diferencias doctrinales, se concentran detrás de una bandera que parece ser la de crear orden moral ante tanta “crisis de valores”. Como dijo alguien por ahí “los católicos están en el estado, los evangélicos en la calle”.

Ahí están; en las calles. Levantando banderas, carteles. Haciéndose eco de lo que la gran mayoría de los evangélicos piensa: “no al aborto legal, no a la #ESI”. Ya no son un grupito de gente que se junta a adorar. Es una masa de personas. Son relevantes. Con consciencia y voz. Con poder de decisión. Y esto lo ha sabido cultivar Bolsonaro bajo su eslogan: “Brasil por encima de todo, dios encima de todos”.

Con este oración ha logrado penetrar sobre las masas de los fieles.

En este escenario, el discurso político ha penetrado en el púlpito. La predicación política de lo “políticamente incorrecto” le ha ganado la pulseada a la predicación bíblica. Si Ud. va a un culto, con seguridad escuchará dentro de la predicación algo de “estamos volviendo a nuestros valores y luchando por los principios de dios”.

Es que la lucha no le es ajena. Es parte de su diario vivir, de sus oraciones, de sus canciones.

Y siempre lo ha sido.

Siempre ha existido.

Esto es lo que debemos saber. Que siempre existió la ideología política dentro del seno evangelical. Jamás han estado aislados.

Sólo que antes no se hacían públicos.

Como dice una canción de una banda cristiana de rock “fuera de los templos y a las calles”.

Pero tal vez, no con el mensaje de dios, sino con el mensaje de la construcción social, política y discursiva del momento. No con la predicación de la biblia, sino con el predicamento lineal ideológico. El cual supo acaparar las masas.

Un análisis interesante sobre esto es también identificar dentro del espectro evangélico a “las minorías”. Las cuales no se sienten representadas bajo estos eslóganes.

Los que no marchan.

Los que están a favor de la #ESI, del colectivo LGTBI. Lo cual merece una también una charla profunda y que considero se está dando dentro del espectro evangélico.

Así que ninguno que tenga vocación de servicio y se involucre en cuestiones sociales, está ajeno a la política. Y en este sentido, creo que cada uno de nosotros debe tomar posturas, decisiones, involucrarse y participar.

En este marco, debemos recordar que la construcción discursiva política responde a acaparar las masas, trayendo lo que el momento y el contexto necesitan. Una suerte de esperanza que crea ilusión. Frente a este escenario, considero que el pensamiento crítico es importante aquí.

Un escrito que compartió Gabriel Salcedo en twitter:

“Los fascistas del futuro no van a tener aquel esterotipo de Hitler o de Mussolini. No van a tener aquel gesto de duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría quiere oír. Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética. En esa hora va a surgir el nuevo demonio, y tan pocos van a percibir que la historia se está repitiendo”

Carlos Morel

Carlos Morel

33 años
Profesional en Turismo - UNNE
Agente de Viajes en Wind Travelers
Músico
Participo en los Podcast de La Conversación en Curso (Una comunidad compartiendo la búsqueda de una mejor comprensión sobre Dios, la fe y lo que significa ser verdaderamente humano en el mundo actual)
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