El único incondicional que le queda

El diputado nacional y presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, no se resigna a la inevitable extinción del kirchnerismo, la corriente fundada por sus padres, quienes debido a sus innumerables actos de corrupción y desaciertos políticos, no han logrado el anhelo mayor: perpetuarse en el poder.

Este fin de semana, el hijo de la ex mandataria nacional condenada a seis años de cárcel volvió a alzar la voz ante un puñado de militantes que se viene achicando progresivamente, al participar de un debate sobre derechos humanos que giró en torno al inútil reclamo por “Cristina libre”.

La mesa, titulada “Con proscripción no hay derechos ni democracia”, se armó para insistir en el pedido y llorar por los límites que la Justicia le establece a su madre, quien sigue desafiando las normas con sus delirios de poder, recibiendo a desfiles de gente en su departamento, como si fuera la abeja reina dirigiendo a su colmena.

También aprovechó la oportunidad para implorar por recuperar el sentido de pertenencia de un espacio político que prácticamente está extinto. “Estoy convencido de que realmente podemos diseñar y producir un espacio que vuelva a generar… Yo con que generemos un poquitito de esperanza, otro poquitito de confianza, estoy”, mendigó.

Sin embargo, Máximo, a quien se lo ha visto quebrado físicamente en sus últimas apariciones públicas, generando no solo preocupación entre sus escasos correligionarios, sino también pena, flaqueó al reconocer que Cristina Kirchner perdió todo liderazgo: “Podrá tener más o menos votos, pero Cristina caminando es un llamador a la discusión, al debate y a la participación. Y también a la rebeldía y a la irreverencia, y a no callarse jamás”.

“Nosotros también tenemos que saber explicar los modelos económicos, porque los modelos económicos modelan sociedades”, disparó, pasando por alto el fracaso de los últimos dos gobiernos de CFK, que dejaron un nivel de inflación que ninguna administración posterior fue capaz de erradicar. Incluso el “pelele” que ella misma postuló para jefe de Estado, Alberto Fernández -la decisión más errada que pesa sobre su conciencia-, no hizo más que empeorar todos los índices económicos, hasta llevar al país a la debacle total.

La tarea que le toca cumplir a Máximo es comprensible: ponerse el uniforme de soldado inclaudicable de la mayor corrupta que ha pisado la Casa Rosada, porque causalmente es quien le dio la vida. En ese proceso, desvía el centro de atención pegándole a la “derecha” y reflotando la figura de Juan Domingo Perón para evadir el catastrófico presente k. ¿Quién más podría defender a su progenitora? ¿Qué otro proyecto le queda en carpeta al referente de La Cámpora, más que salvarla del olvido?

La que sí tiene memoria es la gente, que no está dispuesta a enterrar los afanos multimillonarios al Estado, las fugas de dólares a paraísos fiscales, los bolsos con guita saltando paredones, los verdes de La Rosadita, las frases despectivas hacia todo aquel que no comulgara con su discurso, el tono amenazante y el dedo índice en alto y, sobre todo, la traición a un pueblo cada vez más empobrecido. Eso no se perdona, y así quedó evidenciado este año en las urnas.

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